Acerca de lo que incomoda

Un fenómeno social emerge con la misma fuerza, en expansión e intensidad, con el que se doblegó y retuvo en desmejoramiento al colectivo que hoy lo representa. Lo he visto y sentido en múltiples áreas del trabajo comunitario, pero también, al caminar entre manifestantes y escuchar sus consignas.

Hablar de la energía avasallante de una manifestación, pacífica o no, de algunos de los colectivos más renombrados en la actualidad, implica dar lugar a una potencia contenida. Múltiples escenas ancestrales que motorizan al colectivo protagonista, un cuerpo multitudinal que encarna cada una de las problemáticas sociales y que propone ahora con conciencia de derecho, sus propias líneas de transformación. La reivindicación empieza cuando lo colectivo alerta de que ese cambio ya no es negociable. 

Tiene todo esto mucho que ver con la historia del grupo social en cuestión, con ese distanciamiento-desprecio con el que cada sociedad ha ido manejando intereses colectivos a través de unas cuantas instancias de poder arbitrario, sin tomar en cuenta las perspectivas de realidades alternas al dominio hegemónico. 

Se que alguien más capacitado en el área podría enunciar muchas otras razones y con mejores soportes seguramente, pero parte de la propuesta de este tipo de espacios es promover la lectura y la formación de ópticas críticas sobre aspectos de interés y desarrollo social-comunitario. Es preciso permitirnos indagar, ser curiosos y educarnos en conciencia social.

Los fenómenos sociales no emergen para que nos declaremos a favor o en contra, ellos ya existen. Están llenos de realidad concreta. No necesitan validación o que se les cuestione desde la incomodidad que genera su existencia para la norma. De eso se trata, de transitar y metabolizar como sociedad el desajuste que convocan, dando cabida a un móvil hacia la transformación de las condiciones que lo provocaron y posibilite, a futuro, la evolución más próxima a la que invita la era en curso.

Es preciso que nos eduquemos, procura el método que mejor te asiente. Se requiere un entrenamiento arduo y constante en ese ir integrando la escena primitiva del inconsciente colectivo que corresponde a cada fenómeno social, para que de tal modo la dolencia de cada colectivo involucrado entre en un proceso de acercamiento a la salud y regeneración a través de nuevas producciones: éstas son, las escenas rizomáticas, en palabras de Claudio Mestre, referente destacado del método sociopsicodramático y también buen amigo.

Una resolución que nos daría cuenta de cambios altamente significativos en las dinámicas sociales tal como las conocemos hoy. Escenas que vayan en más de un sentido posible, desplegando de este modo un sin fin de transformaciones y/o resignificaciones de un mismo fenómeno. Cuando las personas logran asentar cambios en lo macro y micro político del colectivo que representan, el inconsciente colectivo también se transforma. Si nos sanamos como individualidad, el grupo también se sana. Esto último, es sin duda un precepto bidireccional. 

Ser crítico implica desarrollar capacidad de discernimiento y comprensión de realidades aisladas. Todos tenemos una historia, y siempre habrá una segunda y también verdadera, versión del mismo relato. Así como experimentamos la complejidad de nuestros procesos psicoterapéuticos, es preciso también que meditemos a profundidad lo complejo de los grupos sociales, y la injerencia de éstos en la dinámica social global. 

Un hecho social es el resultado de una amplia variedad de factores intervinientes. Puede que se nos vaya la vida entera en integrarlo, pero habrá válido cada instante el esfuerzo. Seamos responsables con nuestras acciones, pero más importante aún, seamos responsables con nuestras ideas y el cómo las nutrimos.