Dibujar sobre los sueños

Con frecuencia la gente vincula los espacios psicoterapéuticos con procesos dolorosos y llenos de angustia. Me gusta reforzar la idea de que hacer psicoterapia no solo se trata de abordar malestares e intenciones de resolver problemas. Nuestro espacio psicoterapéutico tendría que ser tan extenso como lo es nuestra psique y el universo mismo. 

Darle vida a nuestros sueños desde un espacio psicoterapéutico es más habitual de lo que muchos creen. La famosa frase de los terapeutas «explorar el interior» suele traer al escenario incontables fantasías, que de acuerdo a su intensidad, se van haciendo cada vez más presentes durante el trabajo escénico del protagonista. Estas fantasías son sometidas a incontables procesos de tamizado, por llamarle de un modo vulgar a ese proceso de reorganización psíquica.

Censuras, conservas culturales, ideas sobrevaloradas sobre lo que podemos hacer y lo que no somos capaces de lograr, mandatos regulatorios de algún Interlocutor Imaginario Hipercrítico cuya voz nos habita hoy y supervisa con dureza todo cuanto queremos emprender, son solo algunas de las miles de formas de limitar nuestro Yo Creador, con las que andamos a cuesta. Y es justo en psicoterapia donde nos permitimos encontrarles para su entrenamiento y deseable reorganización.  

Escribir sobre los anhelos, más que acerca de ellos. Procuramos edificar encima de ellos, de esa energía psíquica que nos permite fantasear sobre un estado de bienestar posible en el futuro. Construir un espacio donde el libre tránsito del deseo permita escribir, dibujar, garabatear, moldear, pintar-nos encima de lo que nos ilusiona, lo que amamos ser, lo que anhelamos hacer, ya sea en secreto o abiertamente, y que a partir de esa producción inicial exteriorizada hecha sobre una fantasía pueril, se vaya ascendiendo a un ideal a considerar, y desde ahí nos permitamos verle, modelarlo, percibirle en todas sus dimensiones para entonces iniciar un proceso de materialización, la construcción, desde lo posible, en el plano de lo concreto. 

Y esto es, tomar ese primer bosquejo y permitirnos atravesarlo ahora desde una perspectiva adaptada a nuestra realidad individual; discriminar el exceso de fantasía y compensarlo con los recursos necesarios para que exista y sobreviva en el plano real conservando su esencia y así lograr organizar, a su tiempo, una producción funcional, útil al creador. Es así que pasamos de un sueño anhelado a un proyecto factible, con las herramientas visibilizadas para que se consolide.

El Yo Creador precisa ser el lugar de nuestro interno mejor dotado de recursos psíquicos, emocionales y espirituales, pues es ahí donde habita la acción espontánea, donde las fantasías se descubren como sueños a realizar y éstos son transformados en proyectos con potencial en el plano concreto. 

Es preciso saberlo existente, reconocer sus atributos y fortalecer su esencia en cada encuentro terapéutico, pues es justo en ese espacio, que iremos apuntalando buena parte de nuestro trabajo, respecto a otras instancias como por ejemplo, la génesis y el desarrollo del potencial vincular.  

La salud mental se sostiene de traer al plano real lo que nos seduce de nuestro ideal. No importa cuánta tecnología nos abrace, escribir/dibujar a mano nos dará todo lo necesario para contener-nos. El encuentro terapéutico permite que se maduren los mecanismos para trazar el mapa hacia el Yo Creador, lo hace accesible para que sepamos llegar a él con regularidad y desde ahí explorar y ampliar su contenido. 

Jugar con nuestros sueños, es el modo más accesible y certero de sentirnos a gusto con la remota pero posible opción de transformarlo en una realidad sustentable. ¿Has imaginado tu espacio del Yo Creador? Ese en el que todas tus fantasías transitan sin reclamo. No importa qué tan irreal parezca mientras nos vamos acercando. Se trata de darle continuidad al proceso imaginativo, ahí radica el trabajo interno.