Vínculos que crecen

Con frecuencia distingo entre dos expresiones que, por lo general, intervienen en la evolución de los vínculos. Definirlas e integrarlas, quizá aligere un poco la carga mental y emocional que implica la decisión de tomar distancia de espacios y personas. 

En primera instancia, ubico al acompañamiento, lo asocio a un plano racional; se trata de ideales y acciones compartidas. Nos acompañamos en procesos académicos, laborales y de desarrollo de los principios morales y/o éticos. Muchas de nuestras relaciones vinculares más profundas seguramente inician en un plano consciente de productividad, ya sea de recursos, como lo laboral, desarrollo profesional o de conocimientos como los espacios de enseñanza tanto formal como no formal. 

Por otro lado está, la contención, con ella me refiero explícitamente al plano de la afectividad. El amor recíproco que nos une a nuestros lugares sagrados, personas de confianza. Es natural que con el tiempo y el desarrollo de los espacios de acompañamiento, el vinculo trascienda a un lugar psíquico un tanto más nutrido. La afectividad se cultiva, crece a medida que depositamos tiempo y contemplación en el otro. 

Con frecuencia, tomamos distancia de personas y/o espacios sagrados porque de algún modo, dejamos de acompañarnos. La separación se vive primero en el ideal, adolece el pensamiento, las ideas se confrontan. Con el tiempo, el sufrimiento recae en lo más profundo, lo más cercano al alma. 

Nos distanciamos porque aportamos al colectivo desde nuestro interno, desde una individualidad que está en constante transformación y muchas veces, el interno evoluciona a un ritmo distinto que la esencia del conjunto, entonces éste deja de ir a la par con los otros, y el conflicto emerge. 

Nadie nos prepara para ello, pero es lo que corresponde. Mutar, transformarnos en algo que esté más cerca de nuestro Sí mismo. No solo es esperable, se trata de un proceso infinitamente necesario para el desarrollo de nuestra espiritualidad. 

Lo verdaderamente relevante de todo este planteamiento es que, sin importar el motivo por el cual hemos dejado de acompañarnos, si ese vínculo cumplió su ciclo y se elevó en tiempo y forma hasta alcanzar el grado de la contención emocional, podemos permitirnos confiar en el proceso vital de nuestro encuentro y vivir el tránsito que amerita, tal cual es. Aguardar su transformación y posible resignificación en el futuro, dotados entonces, de una consciencia más elevada. 

La Contención, es bidireccional, se preservará ante la vicisitud. Puede que los estados de acompañamiento cesen, o no prosperen como deseemos, al tiempo que demandamos, de cualquier modo, siempre podremos agradecer en consciencia presente lo transitado. Lo único importante acá, es tener siempre presente que, la contención afectiva por lo general tiende a la trascendencia. Confiemos, nos volveremos a encontrar.