Uno de los aspectos más complejos a integrar de la vida en comunidad es, comprender que los silencios también comunican un texto sustancial en la dinámica de los vínculos. Un estado de silencio dice mucho, aprender a escuchar lo no dicho y a transitar el instante reflexivo del otro sin la intención limitante de interpretarlo únicamente, esto es vital en el desenvolvimiento de las sesiones psicoterapéuticas tanto para el terapeuta como para el paciente; pero también lo sería en muchas áreas de la vida en general.
El silencio invita a la contemplación de lo interno y más relevante aún, al detenimiento con propósito. Esto es, un alto a lo excesivo del discurso con el propósito de ofrecer reposo a una o más ideas. Ofrecer calma a un contenido psíquico significativamente movilizador que necesita asentarse para que solo así pueda digerirse, metabolizarse.
Es parte fundamental y estratégica del proceso psicoterapéutico permitirnos filtrar conscientemente la corriente de ideas que emerge de un pensamiento alterado, para que posteriormente, se logre observar la potencia contenida de cada elemento en un lugar seguro, un espacio para la quietud ideado esencialmente desde el no juicio ni el apuro por decir algo que ocupe territorio, que invada y/o conquiste plano psíquico.
El silencio en psicoterapia nos convoca constantemente al cuestionamiento ¿Qué pasa cuando hago una pausa? para respirar, para escuchar lo otro que no soy yo y que tampoco es el Otro. ¿Qué sonidos percibo de mi interno cuando el afuera está en reposo? ¿Me genera incomodidad estar en silencio? ¿A qué me suena lo incómodo?
Para muchas personas los silencios en psicoterapia son inmanejables, y cuestionados constantemente. Para otras, lo son en todo tipo de situaciones. No se trata de cuál nos gusta y cuál no, sino más bien, de traer a la conciencia lo que sucede en mis adentros con las instancias de silencio y registrar lo que sea que traiga consigo; hacerle un cuerpo, darle un nombre, subirlo al escenario psicoterapéutico para accionar con ello y hacerlo útil.