Estar o sentirme perdida es, para mi, desentonar. No tener más lugar en esa instancia en la que “tengo que estar” pero, ya no logro sostener afectivamente. Sentirme desarticulada del espacio que habito, sea cual sea éste: un empleo o carrera, una pareja o amigos, una convivencia. La lista es tan vasta como puede ser nuestro interno.
Estar perdido para mi es entrar continuamente en conflicto con aquello que no reconozco como parte de lo que quiero, y no me garantiza un acercamiento a mi propósito de vida. Es alejarme de mi objetivo vital. Ir en dirección contraria de mi fe, mis ideales. Esto puede ocurrir por múltiples razones, pero charlemos de dos grandes grupos en los que las he delimitado para efectos prácticos: Me alejé de mi propósito de vida o bien, no tengo claro cual es mi propósito de vida.
Cómo me doy cuenta que en efecto, esto es lo que ocurre? Me descubro triste o molesta con frecuencia. Aparece la frustración con cada decisión tomada y me encuentro yendo de un lado a otro con más razones externas que motivación: plata, estatus, la opinión del otro, los recursos que ya he invertido en este espacio en el que me encuentro y ya no quiero estar.
La lista será infinita para cada individualidad. Lo relevante es, tener claro que, todo eso que está en el afuera y me hace dudar, también me nubla la capacidad de discernimiento, evita que acceda a mis convicciones, mis deseos más íntimos.
Esto es; toda la intención de vivir una experiencia sustancial para mi Sí mismo como: potenciar mis recursos internos, crear proyectos que me apasionan, construir espacios saludables, convivir con el otro y desarrollar talentos, porque si, el talento no nace ni aparece de un día para otro, se trabaja, y es necesario acompañar ese proceso sí quiero, en definitiva, permitirme estar más cerca de la plenitud que habita en mi.
Si me siento perdida, necesito recordar. Volver a contactar con lo que me hizo genuinamente feliz en algún momento respecto a ese lugar o persona, sí lo hubo. Ya sea para resignificar el vinculo, dándole un tratamiento y ajustarlo a mi vivencia actual, o bien, tomar distancia. Y es importante que integremos que tomar distancia en este punto, también es un acto de amor.
Se trata de priorizar mi bienestar por sobre toda instancia y apartarme habiendo observado el proceso en consciencia presente. Apartarme en fe y concordancia conmigo y con el afuera.
Si me siento perdida, sin duda alguna, el llamado es a recordar-me.