Crecemos con la idea sobre valorada de que lo esperable en una psique regular es, anhelar y accionar para salir de estados desfavorables. Y que, el transito del malestar puede eludirse, reducir su existencia para que no haga peso. Mientras más rápido mejor, pues podremos volver con mayor eficiencia a nuestro estado de comodidad.
El afuera nos colapsa con información desmedida, métodos y técnicas de acceso a nuestros pensamientos, emociones y sentimientos. Siempre con un objetivo muy preciso, no estar triste, no sentirse enojado, no estar feo o ser poco productivo. Pareciera que evitar a toda costa lo incomodo, estadio propio de los procesos evolutivos, es el único modo de sentirnos bienvenidos en el común tránsito social.
Y está bien, podemos sumarnos a la onda expansiva de «muchas cosas saludables por día, para estar mejor» pero si no afrontamos el malestar, si no le doy la cara a la angustia de ya no pertenecer, de ya no poder respirar en un territorio y/o vinculo, si no me permito revelar lo que ha venido a enseñarme ese malestar, me estoy procurando un destino mucho más doloroso, pues tomará dimensiones colosales mientras lo pervierte el tiempo.
Es preciso entrenarme en la coexistencia con lo que no elijo, mientras transito el malestar, procuro la manera de aliviar sus consecuencias, solo entonces, después de haberle puesto el cuerpo, podré transformar mi situación actual.
Hablar sobre lo incomodo ayuda, podemos empezar por ahí